Leyes inmutables del marketing: La Ley del Bombo

A menudo, la situación es muy diferente a como se publica en la prensa.

Cuando las cosas van bien, una empresa no necesita del “bombo”. Cuando lo necesitamos, normalmente significa que tenemos dificultades. Una vez se inicia el bombo sobre un tema, este aumenta sin cesar.

A ningún refresco se le ha dado tanto bombo como a New Coke. Se estima que New Coke recibió más de mil millones de dólares en publicidad gratuita. A eso tenemos que sumar los cientos de millones de dólares gastados en lanzar la marca. New Coke debería haber sido el producto de mayor éxito del mundo. No lo fue.

Menos de sesenta días después del lanzamiento, Coca-Cola, se vio obligada a volver a la fórmula original.

La historia está repleta de fracasos de marketing que triunfaron en la prensa.

La esencia del bombo en muchos casos no es que los nuevos productos van a tener éxito. La esencia era que los productos ya existentes quedarían obsoletos desde ese momento.

El poliéster iba a reemplazar a la lana. El videotext dejaría obsoletos a los periódicos. En la tan “cacareada” “oficina del futuro”, todo iba a ser integrado en un solo ordenador. Si miramos a nuestro alrededor, todo está lleno de teléfonos, ordenadores, fax, impresoras, fotocopiadoras, etc. Todos ellos, equipos separados. La oficina del futuro es una denominación muy apropiada, un concepto que permanecerá para siempre en el futuro.

Estas predicciones vulneran la Ley de lo Impredecible. Nadie puede predecir el futuro. Las únicas revoluciones que podemos predecir son aquellas que ya han comenzado.

Olvidemonos de la portada, si queremos pistas sobre el futuro, escudriñemos el final del periódico, las pequeñas historias “insignificantes”.

Ni los ordenadores ni el fax despegaron como un cohete. El ordenador personal se presentó en 1974. IBM tardó seis años en reaccionar con su PC. Este también tuvo un retraso, no prosperó hasta un año y medio después de presentado.

Por lo tanto, no es lo mismo acaparar la imaginación del público que revolucionar un mercado.

Veamos el teléfono con imagen que ahora se llama video-teléfono. Desde su lanzamiento en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, el teléfono con imagen ha sido noticia; normalmente de primera plana. No hace muchos años en la primera página del Wall Street Journal se decía en grandes titulares: ” Finalmente la era de las videollamadas puede estar cerca y traerá consigo grandes cambios”.

AT&T lo ha intentado en al menos tres ocasiones: En los años 70 fracasó con el teléfono con imagen a 100 dólares mensuales. En la década de los 80 fracasó con un servicio de video-conferencias a 2300 dólares la hora. En los años 90, promocionó los video-teléfonos a 1500 dólares.

Es sencillo ver por qué el video-teléfono no ha progresado mucho ¿Quién quiere tener que vestirse para llamar por teléfono?

A través de los años, los mayores bombos han sido para aquellos desarrollos que por sí solos prometían cambiar toda una industria. Preferentemente alguna vital para la economía.

Esto no quiere decir que que no haya ninguna verdad en muchas de estas historias exageradas. Cualquiera que tenga 600.000 €, puede comprar un pequeño helicóptero Bell de cinco plazas y ahorrarse un montón de atascos. Los móviles con lápices pueden ser atractivos para un pequeño segmento del mercado, especialmente para la multitud de comerciales. El video-teléfono podría revolucionar la industria del teléfono erótico, etc

Pero en la mayoría de los casos el bombo es sólo bombo. Las auténticas revoluciones no triunfan en pleno medio-día con banda de música y cobertura de noticias de las 9. Las auténticas revoluciones llegan sin anunciarse en medio de la noche y caen sobre nosotros a traición.

🙂

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