Los fantasmas del coaching

Hace una semana os hablamos del coaching como un método eficaz para el desarrollo de las capacidades de las personas y su adaptación a diversas situaciones de forma positiva. Al tratarse de un concepto amplio, esta herramienta se clasifica en los diversos ámbitos donde pudiera ser necesario: en el ámbito personal, profesional, deportivo, financiero, etc. Pero en lo referente a esta entrada nos centraremos en el llamado coaching empresarial.

Si bien el boom de este sector en Estados Unidos tuvo su inicio en los noventa, en España no ha llegado hasta que comenzó la crisis económica en el año 2008. El mundo del coaching – personal y profesional – ha experimentado un crecimiento considerable, ocasionado por la necesidad cada vez mayor de adaptarse y de solventar este periodo de incertidumbre y cambios.

Pero hay que ser cuidadoso con lo que se espera de esta disciplina, como ocurre en cualquier otro ámbito, siempre hay personas que ofrecen el elixir de la eterna juventud o que exageran en demasía sobre las bondades y milagros de lo que venden. Por supuesto, ser coach – un buen coach – no es fácil, pero se trata de una disciplina relativamente nueva de la forma en que la conocemos y por tanto aún no cuenta con una regulación internacional o titulaciones oficiales, por lo que cualquiera puede vender humo, y de estos lamentablemente, hay muchos.

La figura del coach, como persona sabia y capaz de guiar a las personas en momentos de dificultad ha existido durante miles de años, ya en la civilización China. De hecho, las principales bases de esta disciplina, están fundamentadas en la filosofía de Sócrates, Platón, el budismo, etc. Pero en el coaching, aplicado al mundo empresarial, donde las relaciones entre los empleados reflejan los resultados económicos obtenidos, es necesario pensar detenidamente lo que realmente necesitamos, lo que esperamos obtener del servicio y por tanto, asegurarnos de que hemos elegido a la persona adecuada para la situación de la empresa.

El atractivo de esta metodología, hace que cada vez más personas se lancen a estudiar cursos de coaching, desarrollo personal, motivación… Lo cual no es malo en absoluto, lo realmente preocupante es el grado de degradación al que se ha llevado este concepto. Muchos de estos formadores no son más que charlatanes, los llamados “gurús”, vendedores de humo: personas que sueltan una retahíla de frases motivadoras y filosóficas para obtener la felicidad pero en las que no hay nada detrás.

Vacío en su contenido. Las relaciones entre personas y la toma de decisiones, no pueden banalizarse a una serie de conceptos filosóficos, enseñados en un curso de fin de semana, junto a un plan de acción “precocinado” en el que se incluyen las fórmulas mágicas del éxito.

Si bien un coach no es un asesor especializado en un área determinada, si no que se encarga de las relaciones en equipos y el desarrollo personal su labor no deja de ser importante y por tanto no debería ser delegada a gente que no ha recibido la formación que se espera para la función a desempeñar, a pesar de la falta de regulación al respecto.

Cada empresa requerirá de un plan de actuación diferente, en función de su sector, su jerarquía, número de empleados y la situación en la que se encuentre. Pero aún más importante es fijar los objetivos: ¿por qué contratar a un coach? Los motivos pueden ser diversos: falta de motivación de los empleados, mala relación entre ellos, falta de organización, etc. Son todos estos motivos los que habrá que plantearse antes de dejarse engatusar por los encantos de los “gurús” del coaching.

La intención de esta entrada no es la de desprestigiar este sector, en absoluto, si no la de hacer un llamamiento al pensamiento crítico para que en el momento de ser necesario una etapa de coaching en su empresa, sean capaces de profundizar en su función y sean capaces también de no ser engañados fácilmente por alguien de quien realmente no van a obtener más que discursos motivadores. Los beneficios que se pueden obtener de un buen coach en la empresa, son innegables, pero es necesario hacer esta distinción de la que hemos hablado entre charlatán y verdadero coach.

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